Cuidados
Conservación y luz
La luz directa apaga los tintes y el polvo corta la fibra desde dentro. Con cuatro hábitos de museo, una alfombra atraviesa generaciones sin perder color.

La luz es acumulativa e irreversible
El daño de la luz sobre un textil depende de la intensidad y del tiempo: mil horas de luz suave equivalen a cien horas de luz intensa. Y es irreversible: un color perdido no se recupera. Por eso los criterios de museo para textiles sensibles fijan un máximo del orden de 50 lux de iluminación en exposición y una radiación ultravioleta muy baja.
En casa la traducción es sencilla: nunca sol directo sobre la pieza. Filtre las ventanas orientadas al sur y al oeste con visillo, estor o lámina de control UV, y evite los focos halógenos cercanos, que además calientan y resecan. La iluminación LED de temperatura cálida, indirecta y a distancia, es la más respetuosa.
Condiciones recomendadas para textiles
- Iluminación en exposición
- Máximo del orden de 50 lux para textiles teñidos sensibles; UV muy reducido.
- Temperatura
- 15–25 °C, con variaciones inferiores a 4 °C en 24 horas.
- Humedad relativa
- 45–55 %, con variación inferior a 5 % en 24 horas.
- Riesgo alto
- Por encima del 70 % de humedad aparecen moho e insectos.
- Rotación
- Girar la pieza 180° dos veces al año para igualar luz y desgaste.
Polvo: el enemigo silencioso
Las partículas minerales que caen al fondo del pelo actúan como pequeñas cuchillas: con cada pisada cortan la fibra por la base. Aspirar con regularidad, siempre en la dirección del pelo y sin cabezal de cepillo giratorio, es la medida de conservación más eficaz que existe.
Aspire también el reverso dos o tres veces al año: buena parte del polvo se aloja en la trama. No sacuda ni golpee una pieza antigua contra una barandilla; el impacto rompe los hilos de urdimbre. Nunca aspire directamente sobre los flecos: protéjalos con una malla o aspire a través de una rejilla.

Limpieza, manchas y almacenaje
Ante un derrame, absorba de inmediato con paño blanco limpio, presionando sin frotar y siempre desde el borde hacia el centro. Agua fría y paciencia; nada de agua caliente, amoniaco, lejía ni quitamanchas de supermercado, que fijan la mancha y descoloran el tinte.
La limpieza a fondo es tarea de taller especializado en alfombra oriental, con lavado por inmersión y secado controlado. Una alfombra en uso normal lo agradece cada tres a cinco años. Evite la limpieza en seco con disolventes y las máquinas de inyección-extracción domésticas.
Para guardarla: aspirar, enrollar sobre un tubo con el pelo hacia fuera, envolver en tejido de algodón transpirable —nunca plástico— y almacenar en horizontal, en lugar seco y ventilado, elevada del suelo. Revise una vez al año en busca de polilla.
Rotación y protección del uso diario
Gire la pieza 180° dos veces al año: iguala la exposición a la luz y reparte el desgaste del paso, evitando que se marque un camino. Cambie de sitio los muebles pesados de vez en cuando y use copas protectoras bajo las patas para no aplastar el pelo de forma permanente.
Una base antideslizante de fieltro y caucho evita el roce con el suelo y las arrugas, principal causa de rotura por pliegue.
Vídeo explicativo
Vídeo en preparación
Espacio reservado para el vídeo de esta guía (guia-conservacion.mp4).
Fuentes consultadas