Materiales
Lana, seda y kork
La materia decide el brillo, el tacto y la vida de la pieza. Entender de dónde sale cada fibra explica por qué dos alfombras del mismo tamaño pueden valer muy distinto.

La lana: origen, clima y lanolina
La lana de oveja es la fibra fundamental de la alfombra persa, y su calidad depende del clima y del pasto. En zonas frías la fibra es más larga y fina —la de Jorasán está considerada especialmente buena—; en Kermán, más cálida, la fibra es corta, elástica y muy resistente, con brillo natural. La lana de Fars, empleada por qashqais y jamse, es suave, lustrosa y absorbe extraordinariamente bien el tinte.
La lanolina, la grasa natural de la fibra, es lo que da a una buena lana su tacto sedoso y su resistencia a la mancha. Se conserva cuando el vellón se esquila en primavera de animal vivo y se lava con delicadeza. La lana obtenida por depilado de pieles de animales muertos pierde esa grasa y produce un pelo seco y quebradizo.
Kork: el cuello del cordero
Kork es el nombre que recibe la lana más fina del animal, la del cuello y los hombros del cordero joven. Es corta, muy suave y con un brillo mate profundo. Al ser escasa —de cada vellón se obtiene una fracción pequeña— y difícil de hilar, se reserva para piezas de alta densidad: Nain, Isfahan, Qum, Tabriz de taller.
En el comercio se abusa del término: cualquier lana suave acaba llamándose kork. La prueba está en el tacto y en el reverso. La kork auténtica es densa y fresca al tacto, no resbaladiza, y no presenta el brillo agresivo de la mercerización química.

Seda: dibujo de miniatura y luz cambiante
La seda permite densidades imposibles para la lana y reproduce el dibujo con precisión de miniatura. Su cualidad más característica es el cambio de tono según la dirección del pelo y la posición del observador: la misma alfombra tiene dos caras de luz.
Es también la fibra más delicada. Una alfombra íntegramente de seda no está pensada para zonas de mucho paso: su lugar natural es el dormitorio, el estudio o la pared. Es frecuente y perfectamente legítima la combinación de pelo de lana con detalles de seda para realzar contornos y flores.
Desconfíe de la llamada «seda de bambú», «seda de arte» o viscosa: es celulosa regenerada, no seda. Brilla más al principio, se apelmaza con el uso y se daña con el agua. La seda auténtica es cálida al tacto, resiste el tirón y, en la prueba de combustión de una sola hebra —que debe hacer un profesional—, huele a pelo quemado y deja ceniza frágil.
Comparativa práctica
- Lana de pastoreo
- Máxima resistencia al paso. Ideal para salón y comedor. Envejece ganando brillo.
- Lana kork
- Tacto muy suave y alta finura de dibujo. Zonas de paso moderado.
- Lana con detalles de seda
- Equilibrio: resistencia del pelo y realce luminoso del dibujo.
- Seda natural
- Máximo detalle y brillo. Dormitorio, estudio o pared; nunca alto tránsito.
- Viscosa o «seda de arte»
- No es seda. Brillo inicial engañoso, mala respuesta al agua y al uso.
Tintes: vegetal, mineral y sintético
Los tintes tradicionales proceden de la rubia (rojos), la gualda y la cáscara de granada (amarillos), el índigo (azules) y la nuez y el roble (marrones y negros), fijados con alumbre. Los sintéticos llegaron a Persia a comienzos del siglo XX y hoy los hay excelentes y estables, aplicados con técnica tradicional.
Lo que distingue a un buen tinte no es su origen sino su solidez: cómo resiste la luz y el lavado. Un indicio favorable es el abrash, la variación suave de tono en bandas horizontales producida por baños de tinte distintos: señal de trabajo artesanal por lotes, no un defecto.
Vídeo explicativo
Vídeo en preparación
Espacio reservado para el vídeo de esta guía (guia-materiales.mp4).
Fuentes consultadas